Colada Morada: Memorias de otro siglo

TAVOLA

Fue alrededor de 1950 cuando Teresa Muñoz probó colada morada por primera vez. Para esta fecha ella tenía 20 años y recuerda el ‘boom’ que hubo entorno a esta receta y cómo se empezó a popularizar su consumo en casas y restaurantes.

En su infancia no recuerda haber conocido esta tradición, ya que la costumbre solo constaba en recorrer los cementerios para hacer compañía a los difuntos de la familia. En el caso de Teresa, acompañada de su madre, acudía al cementerio de San Diego donde visitaba la tumba de su padre. “Tercer puesto de la sección de los muertos, a la entrada del cementerio, a mano izquierda”, recuerda Muñoz, a pesar de que solo tenía 4 años cuando concurría a este lugar.

Cementerio de San Diego – Día de los Difuntos

En su caso -y en muchos otros según sus recuerdos- la colada morada y las guaguas de pan no formaban parte de las costumbres del día de Difuntos. Sin embargo hay una receta que viene a su mente durante esta celebración: El Champús.

Aunque ha perdido su fama en los últimos años, el Champús es una receta andina aún consumida en ciertos pueblos. Al igual que la colada morada lleva frutas y hierbas, siendo una bebida ancestral muy nutritiva. No obstante, su color y sabor no es el mismo ya que aunque lleva ishpingo, clavo de olor, harina de maíz y frutas; no contiene mortiño.

Fue recién a mitad del siglo 20 cuando su madre decidió preparar Colada Morada en casa, en vista de que se había tornado en una receta tan popular. Un año más tarde Teresa hizo por primera vez esta bebida, después de ver cómo la elaboró su mamá y aprender sus procedimientos. Las guaguas de pan las vendían en las panaderías del barrio, únicamente en los días de difuntos.

Teresa tiene ahora 87 años y por más de medio siglo que ha continuado con esta tradición para su familia y amigos. Su receta no ha cambiado pero la técnica se ha modernizado un poco. Su madre cernía la harina remojada de maíz negro y al mortiño cocinado lo cernía a mano, “ahora se acostumbra a la licuadora, que es una ventaja y una ayuda”.

Teresa Muñoz, 87 años.

A comparación de años pasados, actualmente hay dos cosas que Teresa no aprueba sobre esta tradición: Las guaguas rellenas y una colada con muchas frutas.

Aunque su nieta se esfuerza en que ella tome gusto por las guaguas rellenas de Nutella, manjar o mermelada, Teresa opina que la masa debe ser llana para no empalagar el dulce de la bebida con el de la guagua. En cuanto a la colada, asegura que originalmente no se incluían tantas frutas y su sabor era mejor. Solamente utilizaba el mortiño, la piña en el último hervor, y la naranjilla. “Ni la naranjilla ya no es de la antes, es ácida (…) Ahora ponen un montón de fruta que le cambió el sabor”, asegura.

Aunque muchos restaurantes utilizan deliciosas recetas modernas o de autor, todavía hay quienes prefieren la colada morada tradicional. Y sin importar cuántos lugares visitemos, la colada morada favorita de la mayoría siempre será la de nuestra mamá o abuelita.

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